RESUMEN:

Un reciente estudio encuentra que una nueva vacuna anti beta-amiloide, que ataca a formas neurotóxicas del pétido oligomérico beta-amiloide (considerado como uno de los posibles responsables principales de la fisiopatología de la enfermedad de Alzheimer), podría resultar segura y efectiva a la hora de detener la evolución de la enfermedad. Sin embargo, y aunque esto no debe empañar nuestra alegría, la cautela debe ir siempre por delante ya que todavía no se ha trasladado los resultados en animales de laboratorio a personas con Alzheimer.

 

ARTÍCULO:

Una nueva vacuna contra el péptido beta-amiloide podría ayudar a detener la progresión de la enfermedad de Alzheimer

Un reciente estudio preclínico, capitaneado por el Departamento de Salud de la Universidad de Florida del Sur (USF Health) y con renombrados neurocientíficos a bordo, y publicado en el Journal of Alzheimer's Disease, apunta a que una nueva vacuna del tipo anti-BA podría colaborar a detener la progresión de la enfermedad de Alzheimer (EA).

En concreto, se trata de una vacuna dendrítica -que emplea a las dendritas, que son células inmunitarias- cuyas células vienen cargadas de un péptido beta-amiloide (o BA) modificado que actúa como anticuerpo. Recordemos que en el cerebro de una persona con Alzheimer, estos péptidos beta-amiloides son el componente mayoritario de las placas amiloides, que son estructuras proteicas patológicas que se postulan, según muchos científicos, como uno de los principales causantes de la enfermedad.

Esta vacuna daría lugar a una respuesta de lucha inmunitaria contra el beta-amiloide oligomérico, lo que en sí supone ya cierta novedad, y según los resultados del estudio podría resultar más segura, y con mayor beneficio clínico, que otros abordajes de este tipo encaminados a tratar la EA. Este tipo de terapia estaría pues enfocada en atacar a formas neurotóxicas del pétido oligomérico beta-amiloide, que se consideran parcialmente responsables del desarrollo de la EA, la más común de las enfermedades neurodegenerativas asociadas a la edad.

Los ensayos se realizaron con ratones transgénicos (genéticamente modificados para presentar altas concentraciones de beta-amiloide y trastornos cognitivos y conductuales asociados), y se concluyó que la vacuna era capaz de ralentizar el declive de la memoria de los ratones con EA; lo hacía hasta alcanzarse un rendimiento en pruebas de memoria similar al de ratones no transgénicos y no tratados con esta inmunoterapia.

Otro aspecto positivo de estos descubrimientos es que, pese a que esta vacuna está siendo desarrollada específicamente para pacientes con EA, se ha observado que en potencia podría reforzar el sistema inmune de personas ancianas o con patologías asociadas a la edad. Y es que a partir de los 65 años, nuestra capacidad de defendernos ante sustancias extrañas -incluyendo virus, bacterias y toxinas- de debilita sustancialmente, lo que a su vez resta efectividad a las vacunas administradas en ese grupo de edad.

Pero, como suele ocurrir con cada hallazgo científico, no podemos lanzar las campanas al vuelo demasiado rápido. Si nos fijamos en estudios preclínicos previos centrados en la vía amiloide (la misma hipótesis fisiopatológica que define este nuevo estudio), veremos que a lo largo de los años se ha ido obteniendo múltiples fallos en humanos cuando los resultados iniciales en animales parecían funcionar.

Por ello, la esperanza que este tipo de descubrimientos aporta debe ir siempre acompañada de la suficiente dosis de cautela. En FAE nos felicitamos por cada avance logrado en la lucha contra la EA, pero somos también conscientes de que la ciencia suele avanzar lento, y que esta enfermedad entraña todavía la suficiente complejidad -y es aun relativamente desconocida- como para que un tratamiento concreto resulte verdaderamente efectivo.

Nunca hay que perder la esperanza, y nunca hay que despegar los pies del suelo.

En la enfermedad de Alzheimer (EA) y otras demencias afines, la tan conocida pérdida de memoria es solo ‘la punta del iceberg’ de la totalidad de afectación cognitiva que está teniendo lugar. El cerebro, en definitiva, actúa como un todo integrado, por lo que si el sustrato neuronal de la memoria resulta dañado, necesariamente ese daño tocará -más directa o tangencialmente- a otras capacidades mentales interrelacionadas con la memoria -tanto neuroanatómicamente como funcionalmente-.

En este sentido, además de los problemas cognitivos de este calado, en hasta un 90% de personas afectadas por demencia se observa la aparición de síntomas conductuales y psicológicos, que emergen como consecuencia del daño en el funcionamiento cerebral. Estos ‘otros’ síntomas, a los que clásicamente se ha prestado menos atención o se ha considerado menos centrales en el proceso de demencia, son una de las principales causas de institucionalización precoz en el mundo desarrollado; son, como muchas familias saben, grandes generadores de malestar, estrés y otros problemas emocionales tanto en lo concerniente al afectado como a su familiar.

Por tanto, el abordaje de los síntomas no estrictamente cognitivos de la demencia se torna a todas luces necesario. Resultaría ciertamente complicada la convivencia con un afectado de EA que ve o escucha cosas que no existen, que presenta decaimiento y apatía hasta el extremo, o que agrede a personas desconocidas, por nombrar algunos ejemplos.

De entre estos síntomas conductuales y psicológicos, destacamos aquí la agitación, comprendida como una reacción desproporcionada, descontextualizada, persistente o repetitiva y que causa gran disconfort o impacta en la calidad de vida. La agitación, como síntoma de demencia, se encuadra dentro de la categoría de alteraciones de la actividad psicomotora, categoría que comparte con otros síntomas como la agresividad, la deambulación errática, los tics motores, el seguimiento constante al cuidador o la agresividad.

Estrictamente, y si bien todos conocemos la semántica de este término, la agitación podría definirse como un conjunto de comportamientos -tanto verbales como motores- que no responden a una necesidad aparente, exagerados, que no persiguen un objetivo claro, y que no se darían en condiciones de normalidad. Se consideran, por tanto, comportamientos poco racionales, y no responden a nuestra lógica ni resultan en absoluto sencillos de sobrellevar y manejar.

¿De dónde viene la agitación?

En el contexto de una persona con EA o demencia, puede hablarse de tres fuentes principales de este síntoma:

  1. La progresiva dependencia y discapacidad que va experimentando la persona.
  2. La creciente incapacidad para controlar voluntariamente tanto sus actos y actividades como el contexto en el que se encuentra.
  3. La ansiedad experimentada por la persona, que puede encontrar en la agitación su mecanismo de escape.

Esta ansiedad, que está presente en casi todas las situaciones de agitación, puede a su vez deberse a varios factores que operan en la persona con demencia:

  • Dificultades para expresar sus estados internos, cómo se siente y qué necesita (p. ej., puede estar cansado o somnoliento pero no es capaz de comunicar que necesita descansar).
  • Problemas en el reconocimiento de personas y lugares.
  • Molestias físicas o dolor que son difíciles de localizar o explicar.
  • Desorientación espacial e incapacidad para volver a orientarse.
  • Reacciones ante estímulos excesivamente intensos (mucho calor o frío, un televisor muy alto, una sirena, un apersona gritando, etc.).
  • La ansiedad del propio familiar o cuidador, que encuentra su reflejo en la del afectado.

¿Y qué hay de la agitación nocturna?

Los fenómenos de agitación que ocurren durante la noche, y en concreto a la hora de dormir o durante las horas de sueño, son relativamente frecuentes en las fases moderadas y severas de la demencia. Entre las conductas que caracterizan a esta agitación, se encuentran los despertares repentinos o injustificados, el abandono de la cama, la deambulación errática, acciones repetitivas como sacar y meter la ropa de un cajón… En definitiva, se trata de actividades que no parecen perseguir un objetivo concreto.

Evidentemente, este problema se hace extensivo a todo el núcleo familiar conviviente en el caso de que la persona afectada resida en domicilio; el descanso de los familiares -y el de la propia persona con demencia- se ve fuertemente alterado, y esta falta de sueño afecta psicofísicamente en casi todas las dimensiones de la persona.

Entre otras cosas, la propia oscuridad puede generar miedo o inseguridad en la persona, así como aumentar el grado de desorientación y confusión; todo esto contribuirá a que se desencadene, con mayor probabilidad, una conducta de agitación. Las causas basales son las mismas que para el resto de tipos de agitación.

¿Con qué factores se puede jugar para el abordaje de la agitación?

Además del propio daño neurobiológico que acarrea esta enfermedad, existen una serie de factores -tanto intrínsecos a la persona como extrínsecos a ella- que pueden desencadenar este tipo de alteraciones conductuales, y que deberán ser abordados primariamente para tratar de reducir secundariamente la agitación:

  • Del organismo: dolor, fiebre, infecciones, alteraciones en el ritmo sueño-vigilia, déficit visual, hipoacusia, etc.
  • De la persona: rasgos de personalidad previos al inicio de la enfermedad.
  • Del familiar o cuidador: regañarle o enfadarse, mala comunicación, falta de atención, exigencia excesiva para las capacidades de la persona enferma, hiperestimulación, sobreprotección.
  • Del tratamiento: efectos secundarios de fármacos, especialmente los modificadores de la EA y psicofármacos.
  • Del contexto: modificaciones en el ambiente físico, cambio de domicilio, traslados, etc.

¿Cómo puede manejarse la agitación?

Hay una serie de principios básicos, generalizable a todas las alteraciones psicológicas y de conducta, que puede ayudar tener en cuenta de cara a realizar un manejo correcto:

Principios generales para un buen manejo:

  • No sobrerreaccionar ni dar paso al pánico.
  • Concienciarse de la normalidad y alta probabilidad de ocurrencia de estos problemas, y del hecho de que, en algún momento concreto, será necesario intervenir sobre ellos.
  • Evitar confrontamientos (rebatir, llevar la contraria, tratar de razonar, reprender, etc.).
  • Tener una actitud flexible para poderse adaptar, a lo largo de la evolución de la enfermedad, a las variaciones en el estatus psíquico y físico de la persona.
  • Tratar de no teñir de un completo negativismo la situación; siempre hay espacio para actitudes y vivencias positivas.
  • Ante una alteración de este tipo, hay que tratar de averiguar a qué puede estar obedeciendo esta, así como discernir si se trata de un intento comunicativo.
  • Combinar abordajes farmacológicos con los no farmacológicos, para una buena sinergia terapéutica.
  • Tratar de constatar en qué momento del día se produce una alteración concreta, para intentar conocer su origen y prevenirla.
  • Considerar que en ocasiones somos los propios familiares los que, con nuestra conducta y estilo comunicativo, generamos la alteración en la persona con demencia.

En concreto, ante episodios de agitación, es recomendable seguir el siguiente procedimiento:

  1. Identificar qué síntoma se observa y determinar si se trata de agitación.
  2. Tratar de localizar la causa, en caso de posibilidad. Habrá que descartar primero posibles causas físicas (dolor, fiebre, infecciones, efectos de fármacos, estreñimiento, molestias, heridas, etc.) y las relativas al ambiente (discusiones, actitudes del cuidador, cambios en la rutina, desplazamientos, hiperestimulación, etc.) para actuar directamente sobre ellas.
  3. Efectuar las pautas de actuación prescritas o adecuadas para esta situación, que eminentemente deberán ser no farmacológicas y de acuerdo a objetivos realistas.
  4. Solicitar atención médica por si hiciese falta otro abordaje o un tratamiento farmacológico.
  5. En caso de farmacoterapia, se recomienda realizar una evaluación de su efectividad y necesidad cada mes o, como mucho, cada tres meses, por si hiciera falta reajuste, cambio de pauta, o retirada del fármaco.

Algunas de las pautas de actuación que pueden emplearse, son:

  • Tratar de comprender que este tipo de comportamiento es consecuencia de la enfermedad; no atribuirla a una mala intención o deseo de perjudica.
  • Establecer límites y explicar con firmeza al afectado por qué su comportamiento no es adecuado, en caso de que quepa la posibilidad de diálogo.
  • No permitir que la conducta alterada se refuerce.
  • Reconducir la atención del afectado hacia conductas apropiadas, y cambiar el tema de conversación cuando comienza con comentarios poco oportunos. Reconducir hacia otra situación que implique algún tipo de distracción
  • Planificar al máximo las actividades diarias.
  • Identificar las situaciones de riesgo (cuándo, dónde y con quién).
  • Aprender a detectar aquellas señales de su cuerpo que indican que la alteración es inminente (como la tensión muscular, aumento en la frecuencia respiratoria, impaciencia, etc.).
  • Evitar el enfrentamiento en los momentos de mayor tensión.
  • En ningún caso reaccionar gritando o enfadándose, pues lo único que se consigue es producir más tensión.
  • Esperar a que el afectado se encuentre calmado o arrepentido para hablar con él acerca de lo ocurrido, y aprovechar este momento para plantear formas alternativas de manejar las situaciones problemáticas

Por definición, la demencia precoz aparece a una edad considerada como temprana, notablemente inferior a la media de edad de comienzo de demencia en la población general; con una prevalencia de entre 60 y 70 casos por 100.000 habitantes, la demencia precoz suele darse en edades comprendidas entre los 45 y los 65 años.

Esta prematuridad en el inicio de la demencia implica que, muchas de las personas afectadas, reciben el diagnóstico cuando todavía se encuentran en edad de trabajar y, en general, cuando se hallan todavía activos laboralmente. Esta confluencia de factores supone unas características en la enfermedad y su manejo ciertamente diferentes a las que definen a demencias más tardías, y por tanto ameritan un abordaje adaptado a la situación vital de la persona afectada. Como cabe suponer, el impacto del diagnóstico de demencia en el plan de vida de una persona de 50 años dista mucho del de una persona de 85.

A este respecto, el proyecto MCI@Work, capitaneado por investigadores finlandeses especializados en Envejecimiento y Demencias, y publicado preliminarmente como póster en el pasado Congreso de Alzheimer Europe 2020 en modalidad virtual, da cuenta de los principales prerrequisitos para el mantenimiento del bienestar emocional de las personas, todavía laboralmente activas, que se enfrentan a una demencia de inicio precoz.

Algunos de los principales desafíos que ha de enfrentar esta población para lograr un aceptable bienestar mental son:

  • Problemas para encontrar el modo de superar dificultades en el trabajo
  • Dificultades para encontrar actividades significativas que realizar tras la jubilación
  • Gestión del estigma asociado a esta enfermedad

En su análisis de datos, tras la organización de tres ‘focus groups’ con personas que viven con este tipo de demencia, la investigación prestó especial atención a varios factores que, a priori, se consideran determinantes en el bienestar emocional:

  • Capacidad de la persona con demencia para influir sobre su propia vida
  • Oportunidades para participar en la toma de decisiones
  • Experiencias de discriminación y desigualdad o ausencia de las mismas.

Se observó que las dimensiones más señaladas por los participantes como susceptibles de mejora fueron, principalmente: hacer igualitario el acceso a servicios, apoyo y ayudas, y lograr continuidad en la provisión de estas ayudas y apoyos.

Se registró altos niveles de estrés entre las personas que sufrían de estigma o cuyo rendimiento en el entorno laboral, disminuido a causa de la enfermedad, se atribuía erróneamente a factores como la pereza, el alcoholismo o la incompetencia; el apoyo emocional y práctico ofrecido en el lugar de trabajo, para lograr influir en las decisiones importantes sobre el futuro del empleo de uno mismo, se consideró insuficiente y no accesible a todas las personas.

Tras la jubilación anticipada a causa de la demencia, la vida de estas personas experimenta una serie de cambios que se hace necesario gestionar y sobrellevar; se comprobó que esta gestión era mucho más efectiva cuando se lograba encontrar nuevas actividades significativas en las que ocuparse, cuando existía una presencia y apoyo mantenidos en el tiempo por parte de seres queridos, si se mantenía o ampliaba las conexiones sociales, cuando se da la adhesión a nuevas rutinas, y mediante la adopción de diferentes perspectivas sobre la situación personal del individuo.

Varios fueron los puntos clave a los que, a modo de conclusión llegó el estudio:

  • Es necesario proporcionar estrategias y oportunidades para que las personas con demencia de inicio precoz puedan hacer frente a las nuevas dificultades que surjan en el trabajo, y no solo eso: la dignidad en los resultados de esta gestión de dificultades ha de ser estrictamente respetada.
  • Que estas personas puedan ejercer sus derechos fundamentales dependerá en gran medida del aprovisionamiento de estas facilidades por parte del entorno social, laboral y administrativo.
  • Para el bienestar mental de estas personas es fundamental la percepción de sí mismos como integrantes valiosos de la sociedad; para ello, es necesario facilitar su acceso a apoyos y servicios centrados en esta enfermedad.
  • Las áreas que más atención necesitan, para colaborar a este bienestar, son: la educación en el lugar de trabajo respecto a estos problemas, la lucha contra el estigma, y el acceso sostenido e igualitario a guías, apoyo y consejos.

Además de trazar una hoja de ruta para que las instituciones y servicios locales y estatales puedan, mediante la implementación de estas medidas, colaborar al bienestar mental de personas afectadas tempranamente por demencia en relación a su trabajo, esta investigación pretende también concienciar sobre las particularidades de la situación y necesidades de este grupo de personas, máxime cuando en la actualidad se logra diagnosticar la demencia muchos años antes de lo que clásicamente se podía y, por tanto, se trata de una entidad clínica cada vez más consolidada y prevalente.

Este proyecto fue llevado a cabo transnacionalmente mediante la cooperación de varias universidades e institutos, entre los que destacan las instituciones finlandesas Instituto Karolinska y la Universidad de Islandia del Este, la Universidad Linköping en Suecia, la británica Universidad de Reading, y las universidades de Waterloo y de Toronto en Canadá.

 

Webinario hospedado por Paola Barbarino, CEO de ADI.

De entre los ponentes más relevantes, destacan:

  • Profesor Gill Livingston, Prof. de Psiquiatría de la Gente Mayor, UCL.
  •  Diana Blackwelder, defensora del colectivo de personas con demencia y miembro de la junta directiva de Dementia Alliance International (DAI), EEUU.
  •  Sonia Desuza, cuidadora, proveniente de las Islas Vírgenes Británicas.
  •  Profesor Craig Ritchie, Jefe de Psiquiatría y Envejecimiento, Universidad de Edimburgo.
  •  Nina Renshaw, Directora de NCD Alliance.
  • Dr. Melinda Power, Directora del GWU Institute for Neurocognition and Dementia in Aging (INDA)

ADI realizó una encuesta (muestra = 70.000 personas) en 2019 que reveló que casi un 80% del público general está preocupado por la posibilidad de desarrollar demencia en uno u otro momento de sus vidas, y 1 de cada 4 personas opinan que no existe ninguna medida preventiva contra esta enfermedad. Esto lleva a la deducción de que las múltiples y extensas campañas a favor de la reducción del riesgo de demencia, realizadas durante los últimos años, han carecido de cierta efectividad y no han logrado la verdadera concienciación del público.

Sin embargo, como comentan los ponentes, sí que existen gran cantidad de medidas a tomar para reducir el riesgo de enfermedades crónicas, incluyendo la demencia, si bien esto no es en ningún caso una certeza ya que la genética juega un papel central. A medida que la población global envejece, es de esperar un aumento significativo en las tasas de enfermedades crónica como demencia, diabetes e HTA. Pero en el caso de la demencia, el estigma y la falta de concienciación asociados a ella implican un notable retraso en la concienciación de la reducción de riesgos. Es por ello de vital importancia que el sector sanitario, la sociedad civil, la investigación, los grupos de lucha por los derechos y los gobiernos de todo el mundo estén a la altura y logren asegurar que tanto los individuos como los sistemas se hallan correctamente equipados y comprometidos con la introducción de estrategias de reducción de riesgos.

Con todo, como se hace evidente a lo largo del webinario, el panorama de la reducción de riesgos no es en absoluto simple y, a medida que la base de conocimiento crece, más y más preguntas surgen, y entre ellas se encuentra la cuestión de la ‘culpa’ en personas que viven con enfermedades no transmisibles. La pandemia por COVID-19 ha incrementado a su vez la prevalencia de muchas enfermedades no transmisibles (como el Alzheimer), a la vez que ha puesto en riesgo el curso de progreso de las políticas acerca de demencia logradas durante los últimos años. Las personas que viven con demencia presentan mayores riesgos de complicaciones graves, e incluso muerte, vinculadas a la COVID-19.

Bajo estas premisas, el presente webinario explora estas preocupaciones tan complejas e interconectadas y trata de resolver la pregunta de cómo poder trabajar en unión para asegurar que la tendencia a la reducción efectiva del riesgo de demencia se mantenga con el tiempo.

Las sucesivas ponencias se basan en debates entre expertos relativos a un estudio publicado recientemente por la Lancet Commission on Dementia prevention, intervention, and care, y orbitan en torno a:

  • Reducción del riesgo de demencia.
  • Enfermedades no transmisibles.
  • Contaminación Ambiental.
  • Vivenciación de experiencias de demencia a lo largo de la pandemia.

Los puntos de mayor interés tratados a lo largo de las ponencias, incluyen:

  1.  La incidencia específica de edad en demencia ha disminuido en muchos países; estas mejoras se atribuyen a la optimización en educación, nutrición, atención sanitaria y cambios en el estilo de vida. En términos generales, un cuerpo de evidencia cada vez mayor apoya la existencia de nueve factores de riesgo modificables: peor educación, HTA, problemas de audición, fumar, la obesidad, la depresión, la inactividad física, la diabetes y un bajo contacto social. Los autores del webinario proponen otros tres factores que se añaden a los anteriores: consumo excesivo de alcohol, TCEs y contaminación ambiental.

  2.  Mediante modelizaciones matemáticas, se ha obtenido que hasta el 40% de los casos de demencia a nivel mundial pueden asociarse a estos factores. Por tanto, podría considerarse que ese porcentaje de casos pueden ser prevenidos o ralentizados. Es sobre todo en países con rentas medias bajas o medianas donde el potencial para la prevención de demencia es verdaderamente alto.

  3.  Se requiere de una manifiesta ambición en torno a la prevención, que ha de centrarse tanto en políticas como en los individuos. Los factores que contribuyen a mitigar o aumentar el riesgo de demencia aparecen en la vida temprana y se prolongan a lo largo de todo el curso vital de la persona. Por ello, las intervenciones por parte de los sistemas sanitarios habrán de estar hechas a medida de cada individuo.

  4.  Algunas acciones específicas que influyen en los factores de riesgo a lo largo de la vida, son: mantenimiento de cifras de TA en 130 mm de hg o menos a partir de la edad de 40 años (según comentan, los tratamientos antihipertensivos son, hasta la fecha, los únicos medicamentos capaces de prevenir en demencia); reducción de la pérdida de audición mediante no exposición a excesivo ruido y fomento del uso de audífonos; reducción de la exposición a la contaminación ambiental y al humo del tabaco de segunda mano; prevención de los TCEs; limitación en el consumo de alcohol (tomar más de 21 unidades a la semana incrementa el riesgo de demencia); evitar el incremento del consumo tabáquico y favorecer la incursión de fumadores en programas de deshabituación; proporcionar una adecuada Educación Primaria y Secundaria a todos los niños; reducción de la obesidad y de las enfermedades relacionadas con la diabetes; mantener el ejercicio físico en prácticamente todas las etapas de la vida.

Otros factores de riesgo putativos, sobre los que sería necesario intervenir, incluyen:

  • Mejora de los patrones de sueño
  • Promoción de la salud general de la población mediante
  • Intervenciones sobre el estilo de vida
  • Abordaje de la desigualdad y protección de las personas con demencia (es más frecuente en minorías étnicas), y mejora de la nutrición.

Algunas de las principales recomendaciones centradas en las personas con demencia, incluyen:

  • La provisión de cuidados post-diagnóstico holísticos.
  • Estos cuidados deben incluir necesariamente el abordaje de la salud mental y física, atención social y apoyo (así se reduciría la tasa de hospitalización de personas con demencia a causa de otras enfermedades presentes).
  • Manejo de síntomas neuropsiquiátricos a través de intervenciones multi-componente; los fármacos psicótropos a menudo son ineficaces y pueden en algunos casos acarrear efectos secundarios graves.
  • Atención a familiares y cuidadores (ansiedad, depresión y calidad de vida)

“Actuar desde ahora mismo sobre la prevención de demencia, su intervención y su cuidado mejorará enormemente tanto la vida como el fallecimiento de personas con demencia y sus familiares y, por extensión, de toda la sociedad.”


Andrés Navarro Romance
Psicólogo Fundación Alzheimer España

¿PUEDE LA “MICROBIOTA” INTESTINAL ORIGINAR O REGULAR LA PROGRESIÓN DE LA ENFERMEDAD DE ALZHEIMER (EA)?. ¿SE PUEDE CONTRARRESTAR LA EA REGULANDO LA MICROBIOTA?

“PREVENCIÓN DE LA DEMENCIA ALZHEIMER” Y "REDUCCIÓN DE RIESGOS DE PADECER ALZHEIMER”, ¿SON CONCEPTOS SIMILARES? ¿QUÉ SE PUEDE ESPERAR SIGUIENDO SUS CONSEJOS

 

Comunicado del Director del NIH (Instituto de Salud, EEUU)

27 de marzo de 2020

El Dr Richard J. HODES, Director del NIH, ha publicado un importante documento institucional sobre los nuevos tiempos que han comenzado con la pandemia del coronavirus. En él se destaca “que la seguridad de los adultos mayores, una población conocida por estar en alto riesgo, es primordial para el liderazgo de NIH y NIA (Instituto Nacional del Envejecimiento).  Los estudios a nivel mundial sobre la EA se readaptan pero no se paran.

Este es un resumen de su comunicado:

“La pandemia de COVID-19 ha cambiado rápidamente la forma en que vivimos, trabajamos y aprendemos. En primer lugar, quiero asegurarles a todos que la seguridad de los adultos mayores, una población conocida por estar en alto riesgo, es primordial para el liderazgo de los NIH y NIA.

La "nueva normalidad" de esta emergencia de salud pública junto con la orientación sobre el distanciamiento físico también hace que este sea un momento difícil para los médicos, investigadores y otras personas que apoyan nuestra ciencia crucial, incluidos los participantes en ensayos. Si bien nadie sabe cuánto tiempo durará nuestro estado actual, por ahora, quiero que la comunidad de NIA sepa que la ayuda y la flexibilidad que tanto necesita ya están en movimiento, ya que siente el impacto en sus laboratorios y ensayos clínicos.

La Oficina de Investigación Extramural (REA) del NIH tiene un excelente sitio web sobre información sobre coronavirus para solicitantes y receptores de NIH, que enlaza con Avisos y preguntas frecuentes de la Guía de NIH, así como información de los CDC y la OMS. El Dr. Mike Lauer, subdirector de NIH para investigación extramural, recientemente escribió un blog y proporcionó una actualización de video para los beneficiarios y solicitantes sobre lo que se está implementando para ayudar.

Tiempo de resistencia y perseverancia.

Sobre todo, este es un momento de resistencia y perseverancia, ya que muchos estudios y ensayos han suspendido la inscripción y el seguimiento a medida que las universidades y los laboratorios han cambiado al trabajo remoto. Pero los investigadores aún pueden hacer cosas que no implican contacto directo con los participantes, como visitas telefónicas, gestión de datos y actividades de análisis y difusión, o abordar resúmenes, presentaciones y manuscritos. En cualquier caso, manténgase en contacto con su oficial de programa de NIA, su IRB y su institución a medida que evolucionan los planes y políticas.

Estamos todos juntos en esto

Ante las realidades de la crisis mundial actual, necesitaremos continuar colaborando y trabajando creativamente. Juntos, improvisaremos, adaptaremos y superaremos. NIA está aquí para ayudarlo mientras toma medidas para mantenerse a sí mismos, sus familias, sus colegas y sus participantes seguros y saludables.

Publicaremos más blogs en las próximas semanas sobre el impacto de COVID-19 en la comunidad de NIA, incluidas las oportunidades para contribuir a la investigación en esta área. Por favor comente abajo con cualquier pregunta o inquietud. Te deseo seguridad y bienestar.