30º Congreso Annual de Alzheimrer Europe: la demencia en un mundo cambiante

 

 Durante la penúltima semana de octubre se celebró, por vía telemática, el congreso número 30 de Alzheimer Europe, una asociación a la que FAE lleva adscrita desde sus comienzos y que aglutina a entidades y representantes de casi todos los países europeos, y que persigue la finalidad de mejorar el contacto y el flujo de información entre naciones, defender al colectivo de personas con demencia a todas las instancias, y aunar esfuerzos en pos de la mejora de la investigación y la terapéutica de la enfermedad de Alzheimer y otras demencias afines.

El congreso, que previamente al inicio de la pandemia se iba a organizar en Bucarest, pasó a celebrarse de manera on-line, con una afluencia comparable a la de congresos presenciales celebrados en años anteriores, bajo el hashtag #30AEC. 800 participantes de 42 países se dieron cita en él; los ponentes alcanzaron el número de 260 y se presentó un total de más de 100 pósteres de innovación y desarrollo. Una atmósfera de solidaridad y colaboración, contrapuesta al lúgubre escenario derivado de la crisis de la COVID-19, rodearon la compartición de investigaciones, proyectos y experiencias relacionadas con la demencia.

Durante el primer día, los temas más candentes tratados fueron:

  • La importancia de trabajar en conjunto y sincrónicamente por el bien de las personas con demencia.
  • La relevancia de las nuevas tecnologías en el abordaje de las problemáticas derivadas de la pandemia.
  • La necesidad de proporcionar a familiares y cuidadores mejor formación sobre cómo cuidar y tratar a una persona con demencia.
  • El requisito de conceder una voz a las personas con demencia y tener en cuenta sus derechos fundamentales, que son los mismos que los de cualquier otra persona.
  • La llamada a la acción para desarrollar e implementar proyectos.
  • La necesidad de, respecto a los efectos de la pandemia, tener en cuenta no solo las implicaciones de salud de la persona, sino también el impacto que reciba en sus esferas social, psicológica y física.
  • Las medidas de distanciamiento social han acarreado, en personas con demencia, consecuencias más perjudiciales que en la población general.
  • La carencia de atención familiar que, a causa de las restricciones, las personas con demencia en residencias han experimentado, y la necesidad de proveer a las familias de recursos para incrementar el grado de comunicación con la persona afectada (videollamadas, etc.).
  • El negativo impacto que sobre la investigación en demencias a originado esta crisis sanitaria, y la contemplación de creación de sinergias y colaboración para la mejora de este aspecto.

Durante el Segundo día del congreso, el foco se puso en:

  • Avances diagnósticos y terapéuticos en demencias, y la patente necesidad de mejorarlos.
  • Las cuestiones éticas que circundan la comunicación de un diagnóstico.
  • La construcción de sociedades inclusivas respecto al Alzheimer.
  • La facilitación con la que hay que dotar a las personas con demencia para que resulten incluidas socialmente y puedan desarrollar las habilidades y capacidades que todavía conservan.

En el tercer y último día del congreso, se trató aspectos como:

  • Los esfuerzos por llevar a la demencia a primera plana de las preocupaciones de las políticas a nivel europeo.
  • Las últimas tendencias en prevención de riesgos respecto a la demencia.
  • La posibilidad de uso de robots de compañía y terapéuticos.
  • El impacto en la salud mental, de cuidadores y personas con demencia, de las consecuencias de la pandemia.

 

Como se concluyó, la demencia está variando de generación en generación e incluso dentro de la misma población. Es imperativo asegurarse de que la demencia permanece como una de las más absolutas prioridades en Europa, e implementar las acciones necesarias para lograr este fin.

 

 

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