Qué regalar a una persona con demencia

Una duda que a todos nos asalta cuando llegan las fechas navideñas es qué regalar a nuestros seres queridos. ¡Cuánto cuesta dar con el regalo perfecto! Cuando nuestro familiar padece Alzheimer, esta decisión puede hacerse todavía más complicada; no sabemos si le gustará, si le resultará útil, si lo comprenderá.... Pero existe una amplísima gama de regalos concretos, orientados a personas con deterioro cognitivo y a sus familiares, con los que no te puedes equivocar: regalándolos se puede no solo hacer más llevadero el día a día, sino también proporcionar ilusión y alegría y, por qué no, malcriar un poquito a nuestro familiar, que bien lo merece.

No hay que olvidarse de que las personas con Alzheimer conservan recuerdos de su pasado y de las cosas que siempre les han gustado, cosas que hoy pueden gustarles tanto como ayer; tampoco hay que olvidar que los regalos han de guardar relación con el nivel de deterioro del familiar, especialmente si implican actividades o acciones con alguna dificultad. Las probabilidades de éxito al regalar aumentan si el regalo resulta significativo y útil a ojos del regalado, y si se trata de evitar la sensación de infantilización que los presentes ideados para edades infantiles pueden causar en la persona con demencia.

Ni que decir tiene que, por encima de todo, el más preciado regalo es siempre el contacto, la compañía, las atenciones; pasar tiempo juntos e intercambiar cariño y buenos momentos. A diferencia de otros regalos, este no tiene precio.


Para que regalar sea tan sencillo como satisfactorio, desde FAE te recomendamos 12 de los mejores regalos que se puede ofrecer a una persona con demencia y a su cuidador, regalos que -si tú eres el cuidador- también puedes darte a ti mismo. Sigue leyendo para hacerte todo un experto en este tipo de regalos navideños.

 

  • 1. Regalos con fotografías personalizadas (álbum de fotos, calendarios, marcos de fotos, tazas, puzles, cojines, llaveros, camisetas, etc..). Pequeños objetos pueden ayudar a trabajar la orientación temporal, personal y también todo lo relacionado con lo emocional. Será muy grato para ellos, por ejemplo, consultar un calendario con fotos personalizadas en cada mes del año de familiares o lugares que le traen buenos recuerdos, o utilizar una taza con una foto de alguien a quien quiere mucho, tener un cojín confortable con la foto de su mascota, o llevar en un llavero la imagen de sus nietos. Se trata de buscar objetos que para ellos tengan significado, que les ayuden a mantener siempre presentes a personas, cosas y lugares importantes en su vida.
  • 2. Nuevas tecnologías que puedan resultar prácticas, como un smartphone sencillo adaptado y de fácil manejo, con funciones útiles, o una tableta para poder realizar ejercicios de estimulación cognitiva. Existen también modernos relojes de LED, de gran pantalla, que muestran todas las referencias temporales (hora, día…). Y si enfrentarse a la inteligencia artificial no es un problema, varias marcas tecnológicas disponen de ‘pantallas inteligentes’ o altavoces mediante los cuales utilizar asistentes on-line en el domicilio, como Alexa o Google Assistant; unos sencillos comandos de voz pueden ayudar en el manejo de los componentes del hogar (controlar las luces, la temperatura…), además de servir como agenda, recordatorios o plataforma de videollamada. 
  • 3. Juegos de mesa. Es una alternativa que no fallará, pues el juego es una actividad con numerosos beneficios terapéuticos: permiten estimular las capacidades cognitivas (atención, concentración, percepción visual, habilidades de cálculo, diferentes tipos de memoria…), socializar, comunicarnos con otras personas en nuestro entorno más cercano, lograr escenarios para manejar momentos de frustración o rabia, y abordar situaciones de estrés y ansiedad, gracias a que pueden resultar relajantes y a que mantienen la atención y la mente ocupadas. En definitiva, con estos juegos se puede lograr pasar un rato agradable y, así, hacer la vida un poco más feliz a nuestros seres queridos.

Se recomienda adaptar los juegos a las diferentes fases de la enfermedad. Por ejemplo, en una primera fase se puede regalar juegos de estrategias en los que tengamos que adaptar o eliminar algunas normas complicadas, como por ejemplo el Monopoly o un rompecabezas; según avanza la enfermedad, podemos optar por juegos de mesa más sencillos como el parchís, el juego de oca, dominó… Si es posible, se tratará siempre de proporcionar refuerzos verbales y evitar que pueda frustrarse, y así creará un vínculo positivo con el juego que le invitará a jugar una siguiente vez. 

  • 4. Libros de actividades variadas (crucigramas, dibujos, juegos de estrategia, ejercicios de cálculo...) o libros de fichas cognitivas, para trabajar las funciones mentales. Siempre que resulten entretenidos para la persona, y que sean fáciles de resolver, pueden hacer pasar estupendos ratos en los que se combina lo lúdico con lo terapéutico. Será más sencillo incorporar estos ejercicios a las rutinas diarias si se tiene en cuenta los gustos de la persona, si se presta ayuda y se realiza ejercicios con ella, y si se recompensa positivamente su ejecución en las tareas, haya sido más o menos buena. 
  • 5. Música, si es posible en un formato que resulte fácilmente reproducible (como un CD); las canciones y melodías llegan directamente al cerebro y al corazón de las personas con Alzheimer, y rememorar tiempos pasados a través de ellas puede ser una experiencia tan terapéutica como placentera. Si la persona afectada dispone de vinilos, puede optarse por ese soporte para facilitar el manejo y para que la persona lo perciba más cercano a ella.
  • 6. Un reloj-calendario con fecha, de pared o sobremesa, y de gran tamaño. Uno de los síntomas principales en la enfermedad de Alzheimer es la desorientación temporal; por ello, puede ser de gran utilidad colocar un reloj de este tipo en algún sitio visible, de modo que tan solo con levantar la vista la persona pueda conocer la hora y la fecha del día y, de este modo, orientarse.
  • 7. Pastillero electrónico o dispensador automático de medicamentos; además de asegurar que se realiza cada toma de medicamentos correctamente, puede realizarse seguimiento y control en remoto del dispositivo. Estos mecanismos, de sencillo manejo, permiten preservar la autonomía de la persona en cuanto a gestión de su medicación.
  • 8. Una medalla o pulsera identificativa con sus datos personales (nombre y apellidos, dirección, teléfono de contacto, etc.). Asegúrate de que sea bonita, discreta, y que no moleste al llevarse. Si la persona es religiosa, puede emplearse motivos religiosos que adornen la pulsera.
  • 9. Un dispositivo de localización mediante el que realizar un seguimiento de los movimientos de la persona, algo especialmente útil si se desorienta; conocer su ubicación en todo momento podrá aportar seguridad y tranquilidad a todo el núcleo familiar. En la actualidad existe una amplia oferta de productos con GPS (relojes, colgantes, llaveros, cinturones…) que pueden cumplir esta función.
  • 10. Manta, edredón o cojín, que tengan cierto peso. Ya se trate de un cojín o de una manta, cuando ejercen peso tienden a reducir la ansiedad y ayudan a conciliar el sueño de la persona que lo tiene en su regazo; aumentan la percepción sensorial y tranquilizan e inducen al reposo gracias al contacto físico y al peso. Estos artículos pueden localizarse fácilmente en tiendas on-line, pero también se puede hacer en el propio hogar. La recomendación es que la manta o edredón tenga un 10% del peso de la persona; por ejemplo, si tu familiar pesa 60 kilos, se puede agregar hasta 6 kilos de peso en semillas o bolitas de polipropileno.
  • 11. Almohada o bolsa con semillas. Se suelen utilizar para calmar y son muy útiles en momentos especialmente difíciles, por ejemplo, cuando hay que acudir a alguna cita y no quiere o cuando sufre un episodio de desorientación, podemos poner la bolsita sobre las piernas de la persona sentada o recostada y tendrá un efecto tranquilizante. Puedes encontrarla de una gran variedad de telas e incluso perfumadas con lavanda o manzanilla.
  •  12. “Caja de memoria”. Se trata más bien de una manualidad, pero mediante su realización se disfruta rememorando y compartiendo sentimientos. Una caja no muy grande, tipo caja de zapatos, es más que suficiente; se puede llenar de objetos a los que la persona tenga apego, que le evoquen recuerdos, y que formen parte de su historia vital. La persona siempre podrá, sola o en compañía, abrir de nuevo la caja para redescubrir su contenido. Puede irse adaptando dicho contenido a la fase en la que progresivamente se vaya encontrando la persona (en fases más avanzadas, puede emplearse objetos más visuales o sensoriales).
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