La adaptación al entorno representa uno de los principales elementos que puede paliar o mitigar el grado de dependencia de las personas mayores. Este concepto engloba todas aquellas modificaciones que se pueden acometer en el ambiente físico que rodea a la persona mayor y que le permiten la realización de las actividades cotidianas (asearse, cocinar, caminar, etc.) de una manera más segura, sencilla e independiente. Aunque en un principio pueda parecer que el esfuerzo y el dinero desembolsado para este fin no compensa, lo cierto es que las ventajas que comporta son numerosas y relevantes. Así, la adaptación al entorno es útil:

 

  • Para prevenir situaciones peligrosas.

En el proceso de envejecimiento son frecuentes cambios físicos y cognitivos que aumentan el riesgo de que las personas mayores sufran accidentes, con las consecuencias negativas que acarrean. El declive de las habilidades motrices y de la velocidad de razonamiento, la existencia de pérdidas visuales y auditivas, el aumento de la vulnerabilidad a los efectos del cansancio y del agotamiento y la disminución de la capacidad de reserva física dificultan una respuesta adecuada del organismo ante situaciones que pueden ocasionar daño. Para hacer frente a estas complicaciones, se puede adaptar el entorno físico de tal forma que, en la medida de lo posible, disminuya la probabilidad de que se viva una situación peligrosa (por ejemplo, una caída).

 

  • Para facilitar la realización de actividades.

Una organización adecuada de una casa o habitación puede favorecer que la persona mayor se desenvuelva con libertad. Una casa organizada en función de su capacidad física y cognitiva permitirá, en mayor medida, que pueda seguir realizando muchas actividades por sí misma, con lo que se potenciará su autonomía.

 

  • Para aumentar la calidad de vida de las personas (comodidad, intimidad, etc.).

Por medio de ciertas modificaciones ambientales se puede lograr un entorno que redunde en la intimidad y la comodidad de las personas. La comodidad del entorno influye de manera positiva en el estado emocional de la persona mayor. Un lugar cómodo y tranquilo, con temperatura agradable, con buena luz, etc., ayuda en gran medida a que la persona se sienta bien.

 

  • Para optimizar el aprovechamiento de las capacidades funcionales de la persona. +

Un entorno adaptado puede facilitar, especialmente a las personas que presentan deterioro cognitivo, que se sigan ejercitando unas habilidades que, en otras condiciones, desaparecerían (por ejemplo: asearse, desplazarse, etc.). Tanto es así que, en ocasiones, la adaptación del entorno puede retrasar o evitar la decisión de tener que recurrir a una residencia.

 

  • Para evitar comportamientos problemáticos.

Un ambiente adecuado puede, además, frenar la aparición de problemas de comportamiento. Un entorno conocido (o con elementos conocidos) permite que la persona no se sienta desorientada, confusa o preocupada. Si se siente segura, con capacidad de control del entorno, es más difícil que se comporte de manera agitada, deambule, etc.

 

  • Porque da ventajas para el cuidador.

Un entorno de esas características también favorece a los cuidadores, puesto que tendrán que prestar menos atención al mayor o no recibirán la misma cantidad de demandas. Por tanto, la relación con el mayor será más agradable y podrá disponer de más tiempo para sí mismo (pasear, visitar a familiares o conocidos, etc.).

 

  • Por beneficios psicológicos.

Todas las ventajas que se obtienen con la modificación del entorno contribuyen a que la persona se sienta bien (sin preocupaciones), al mantenimiento de su autoestima, a fijar o aumentar la sensación de control de la persona, etc.

 

Cuando se ha decidido adaptar el entorno de la persona mayor, conviene preguntarse en primer lugar qué modificaciones pueden ser más útiles. Para ello hay que pensar en cambios de tipo general (válidos para cualquier persona mayor) y transformaciones específicas para cada persona (en función de su capacidad funcional y cognitiva).