La enfermedad de Alzheimer genera en el cuidador, en los miembros de la familia y también en el público, una serie de "creencias falsas" lejos de la realidad.

Hoy en día, aunque se ha avanzado mucho, el diagnóstico de la EA sigue siendo tanto "clínico" como "por exclusión" de cualquier otra causa de demencia, y su diagnóstico definitivo se sigue realizando post-mortem. En la actualidad no se posee todavía ninguna prueba o marcador que sea exclusivo para la EA, aunque sí herramientas que facilitan que el diagnóstico sea:

a) cada vez más objetivo, basándose en resultados de pruebas cuantificables que nos presentan la situación morfofuncional real con más objetividad que las pruebas neuropsicológicas;

b) cada vez más precoz al poder asegurar con mayor precisión la existencia de esta neurodegeneración en fases muy tempranas en las que los déficits cognoscitivos son poco definitorios;

y c) cada vez más enfocado en cuanto al diagnóstico diferencial.

 

Se estima que un enfermo tiene un promedio de 10 a 12 años de vida después del diagnostico.

¿Qué va a pasar?

Se describen 3 fases o grados que sirven a los médicos para definir el estado del enfermo en el marco de la evolución: las fases ligera, moderada y severa.