Cuando un familiar esta ingresado en una Residencia, la familia plantea numerosas preguntas al personal que cuida del enfermo. Las preguntas más frecuentes están enfocadas:
Este trastorno del comportamiento no supone un riesgo ni para su familiar ni para Vd.. Al tratarse de un síntoma de su enfermedad, no debe Vd. enfadarse, ni regañarle ni impedirle que lo haga cerrándole el paso o inmovilizándole.
Facilítele en su casa un recorrido fácil y no peligroso, retirando todos los obstáculos posibles del suelo y de sus alrededores : alfombras, cables, muebles accesorios…
Prepárele un calzado cómodo que no haga ruido para evitar molestar a los vecinos, y permita esos paseos intermitentes por su hogar.
Tenga la casa a una temperatura adecuada y con una correcta iluminación para que pueda pasear en ella.
Informe al resto de sus familiares para que no critiquen o dificulten su comportamiento.
Dése Vd. un paseo con él, llevándole sujeto del brazo, por la tarde, de menos de una hora de duración, por un lugar agradable. Esto le permitirá a él ejercitar su musculatura y la coordinación de sus movimientos, y se relacionará con usted, dialogando y notando su proximidad física.
Facilítele otros entretenimientos alternativos (leer, T.V., radio, jugar a las cartas, ordenar o contar objetos…).
A veces es útil disponer de un sustituto de Vd. que pueda tranquilizar a su familiar. Otra persona que él acepte, y que pueda transmitirle seguridad puede suplirle y sustituirle en algunos cuidados y dándole compañía.
Para acertar en la elección de una residencia, hay que considerar los puntos siguientes:
TENGA EN CUENTA QUE:
La Residencia esté registrada y tenga la documentación legal en regla,
El personal técnico (médicos, trabajadores sociales, A.T.S., terapeutas ocupacionales, psicólogos, podólogos,…..) esté colegiado o asociado en una institución profesional,
El personal tenga formación y experiencia en este tipo de enfermedades Alzheimer u otra demencia y trastornos de la memoria,
El Centro no huela a nada (a comida, a medicinas, orines,…),
Esté todo muy limpio (sin papeles o basura en el suelo, sin “colillas» de tabaco en los ceniceros),
El mobiliario, aunque sea sencillo, no esté deteriorado,
Se puedan visitar las habitaciones y que se puedan ver los armarios de la ropa,
Se pueda ver la cocina (hay residencias que avisando previamente que Vd. va a ir y se va a quedar a comer, Vd. puede comer el mismo menú que tome su familiar y/o los demás residentes),
Se pueda ver el cuarto de la ducha y qué instalaciones tiene,
Haya luz natural en las habitaciones, comedor y sala de estar,
Es conveniente preguntar a los residentes que ya llevan un tiempo y conocen bien la residencia acerca de cómo se sienten allí y de cómo les tratan.
Recuerde que los ancianos no necesitan la misma cantidad de horas de sueño que los jóvenes.
Procúrele a su familiar un lugar de descanso silencioso y cómodo, que le dé tranquilidad. Si el anciano cambia de domicilio, que tenga objetos suyos que le acompañen siempre (como los ositos de peluche que tranquilizan a los niños): fotografías de seres queridos, imágenes religiosas, incluso la ropa de cama que le gusta…
Que son las alucinaciones? Ya desde el principio de la enfermedad puede haber fallos en la interpretación de la realidad. Su familiar se equivoca porque los mensajes que los sentidos (vista, oído, olfato…) envían a su cerebro no se traducen correctamente y su familiar confunde la información recibida. Por ejemplo, el vapor que sale de una cacerola en la cocina él cree que es humo. Si ve en la ventana una cortina agitada por el viento piensa que alguien se está introduciendo en la casa. En la segunda fase de la enfermedad aumenta la confusión, este cuadro se agrava y se producen alucinaciones (creaciones falsas de su mente), sensaciones imaginarias por las cuales su familiar ve, oye, huele o toca cosas que no existen.
A lo largo de la enfermedad y comenzando desde los primeros momentos su familiar va a ir teniendo fallos en la memoria. Primero va a perder el recuerdo de los hechos y personas del pasado reciente y después empieza a fallar el recuerdo del pasado más antiguo. Olvidará fácilmente a su familia actual y lo último que se suele perder es el recuerdo de los padres.
Llega un momento, en la fase severa de la enfermedad, en el cual su familiar no puede comer solo y necesita una ayuda total de parte de su cuidador.
Recuerde lo siguiente cuando se requiere la máxima asistencia:
Coloque a su familiar en posición sentada y no semi-tumbado. Esta postura es necesaria para masticar, tragar y digerir correctamente.
Asegúrese que no corre riesgo de caerse.
Disponga una protección para que no ensucie sus ropas.
Siéntese a su lado y préstele toda su atención.
En el curso de la comida, utilice a menudo su nombre.
Tómese el tiempo necesario y no tenga prisa.
Si su familiar no abre la boca, hay que rozar sus labios con la cuchara.
Proporciónale pequeños bocados dejándole el tiempo de respirar entre bocado y bocado.
No olvide de darle bebidas: agua, zumo, caldo…
Hable con su familiar mientras come, no solamente de lo que come pero también de lo que Vd. hizo ayer, de las compras, de las noticias del día. Así, la comida tiene la dimensión social que siempre tuvo
No le obliga a comer si no quiere. Espere y inténtelo otra vez media hora más tarde.